lunes, 2 de agosto de 2010

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Esta semana fue la que peor me alimenté. 

El jueves me pasó a buscar mi novio por mi trabajo y fuimos a pasear por Florida. Me compró un sobrero en la calle, jugamos, reímos, nos sorprendió la lluvia y nos refugiamos en un Mc Donald's.
El viernes salí de trabajar y me fui a casa, dormí siesta y me vino a despertar mi amor con unos ricos mates de edulcorante... pero horas más tarde mi papá pasa por la pizzería y trae una grande de muzzarella y otra de jamón y morrones. No salimos. 
El sábado, como es costumbre almorcé de Mc Donald's a las 15hs, y cuando estaba yendo a mi programa de radio pasé por una panadería porque me enamoré de un lemon pie alto y esponjoso. Lo compré. Gasté mis últimos $40 en ese lemon pie y lo llevé a la radio, lo devoramos en 10 minutos, comí solo una porción. Salgo del programa y mi novio me invita a su casa, pues mi suegro tenía gente a comer e iba a preparar un asado. Picada, vacío y achuras.
El domingo mis padres tenían que ir al supermercado, pero se levantaron tarde y siendo ya casi las 12 del mediodía, yo ya tenía hambre. Propongo ir a comprar pastas, y mi papá se suma llevándome al líder de pastas en Haedo. Almorzamos ravioles. Mi novio y yo fuimos a pasear haciendo turismo interno. Queríamos conocer Café Tortoni, y terminamos merendando un chocolate caliente con 3 churros cada uno. No estaban rellenos. Luego seguimos caminando, conociendo, sacando fotos, y cuando nos dio hambre... pegamos la vuelta. Al llegar a nuestra querida localidad mi papá me llama por teléfono y me pregunta donde estoy. Nos recoje y vamos a visitar a mis abuelos. Nos ofrecen comida, desistimos. Se hace la hora de la cena. Rotisería: matambre a la pizza y tortilla a la española.

HOY LUNES:

Me levanté 6:00am e irónicamente tomé mi desayuno de dieta: 2 tostadas de pan integral pintadas con Casancrem light y media cucharadita de dulce zarzamora en cada una. Café con leche descremada endulzado con edulcorante. Cerca de las 9am me tomé un capuccino de la máquina de la oficina, con azúcar, chiquitito ¿a quién le jode? Y a las 12am en mi break, aún con intenciones de mesura, me compro una barrita de cereal y un pequeño desliz decide acompañarla con un cabsha. Es un bocadito ¿a quién le jode?. 
Salgo 14hs y mi novio me había ido a buscar. Vamos a encontrarnos con su mejor amigo, quien viaja mañana enviado por su empresa, a Brasil por tres meses. Solo tenemos media hora para comer antes de que su amigo entre a trabajar... ¿Mc Donald's? No. Burger King. Y mientras ellos se pedían 2 big king stacker CUÁDRUPLE... yo no me quería sentir obesa, y me terminé pidiendo una TRIPLE ¿la diferencia? Ninguna. Es una hamburguesa ¿a quién le jode? A mi arterias que se están tapando, a mi corazón que tiene que hacer el doble de esfuerzo, a mis piernas que están todas poceadas, y mi autoestima... cuya imagen de quién solía ser... ya no está. 

Mi novio, su amigo y yo: somos obesos. Nos duele. Perdón amor si me leés algún día pero es cierto. Somos obesos, no podemos parar. Somos adictos, no tenemos voluntad. Nos desesperamos, somos felices los 10 minutos que devoramos y luego... el vacío en el pecho y la grasa en el corazón.


PD: Acabo de cenar fideos, con 1 hamburguesa al plato... y recién termino de pelearme con mi mamá porque  se estaba comiendo mi alfajor ser, siendo que ella tiene su tofi.

1 comentarios:

Mejor Hablar De Ciertas Cosas dijo...

En mis buenas épocas de Cadete empleado del microcentro llegue a consumir trillones de calorías y miles de pesos en comida berreta.

Cada día la rutina obesa de siempre, “ Oh caramba, llegue temprano al trabajo, debería desayunar, algo liviano tal vez” pensaba pero de mi boca salía “ Dame uno de esos cafés con helado, chocolate, crema … y agrégale dulce de leche… y dos muffins” Caramba, pensaba yo de mi “desayunito” , “bueno, esto fue desayuno y almuerzo”

Claro, que llegaba al mediodía y cuando salia almorzar de algun forma u otra terminaba en MC o BK y el pedido no era una ensalada, si no Un combo, grande, una hamburguesa con queso y un helado.

Por supuesto, las paradas en el kiosko antes de entrar a clases eran OBLIGATORIAS. Me auto convencía diciendo “Estoy trabajando, tengo derecho a comer”, como si el laburo fuera excusa para mi OBESIDAD MORBIDA.

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